diumenge, 1 de març de 2009

Solamente (un galaico-catalán irrepetible)


Si intento situar la fecha me pierdo, pero conservo un recuerdo prácticamente intacto de cómo llegamos al lugar. Yo debía tener unos diecisiete años y en aquella época siempre era difícil sincronizar horarios en casa. Acostumbrábamos a vernos entre horas, o por la noche a menos que pasara algo extraordinario y ésa noche pasó. Compramos las entradas a semana vista porqué sabíamos que se agotarían rápidamente, conocíamos el éxito del acontecimiento en Barcelona y su reconocido elixir del humor destornillante (demasiado precario como para no ser buscado).
Mi madre nos recogió en casa y llegamos al Conservatori poco antes que empezara la función. Durante el escueto trayecto no tuvimos tiempo de hablar demasiado, pero sí de reírnos, era como si inconscientemente entrenáramos nuestras barrigas para lo que iba a acontecer. Una vez dentro de la sala, con las luz tenue de una función cualquiera, el ambiente brillaba como nunca. Jamás había visto a mi madre reírse tanto en un teatro, sus carcajadas suplieron los horarios locos y las vidas descuadradas. Descubrí que estar allí tenía un sentido más allá del entretenimiento para los presentes, y que el hombre que lo hacía posible lo sabía mejor que nadie.

Gracias Pepe

Pepe Rubianes
(02/09/1947 - 01/03/2009)








1 comentari:

José Antonio ha dit...

Pues sí, me suena la escena. Cambia el teatro, cambia la compañía, cambia quizás la obra... pero esas agujetas en el estómago, los ojos llorosos y la mandíbula desencajada son (mierda, eran) constantes en "el Rubianes".

Ahora los ojos no sólo están llorosos de reír contigo.


Gracias, Pepe